En el año 1.500 a.C. las mujeres egipcias se depilaban usando sangre de animales, caparazones de tortuga y grasa de hipopótamo, dice el papiro de Ebers, un documento egipcio de medicina y magia. También las griegas y las romanas se depilaban para estar bellas. "En la Universidad de Tel Aviv se estudiaron los tratamientos de belleza en el Antiguo Testamento y encontraron que las mujeres judías se depilaban con un hilo. La depiladora lo sostenía con los dientes, y formaba un triángulo, tomando cada extremo con sus pulgares. Luego pasaba el hilo por la zona pilosa, arrancando los vellos de raíz". El origen de la depilación muy posiblemente esté asociado a las dos funciones que de forma más común han propiciado el origen de las grandes pautas y demandas de la moda actual, como son el tatuaje y la cosmética, es decir, la función religiosa y la terapéutica. El ideal de belleza femenina -encarnado en la mujer del faraón- consistía en un cuerpo despojado por completo de vello, como ejemplo de pulcritud y pureza moral. La utilización de la sangre de animales, conchas de tortugas como objetos cortantes, gusanos y grasa de hipopótamos fueron algunos de los recursos más empleados. Pero sin lugar a dudas, el más relevante fue una sustancia similar a nuestra cera que podía obtenerse de dos formas: o bien, mediante una amalgama de azúcar, agua y limón conocida como cera de azúcar o, simplemente, mediante la combinación de aceite y miel.
El verdadero promotor de la depilación fue el período de los locos años '20. Jóvenes parisinas y norteamericanas, cuando la moda de las faldas cortas mostró sus piernas, se vieron en la necesidad de depilarlas con frecuencia. Los salones de belleza con depilación a la cera proliferaron por todo París desplazando a la incómoda maquinita de afeitar. La predilección por esta técnica, que arrancaba el vello de raíz y que retardaba su crecimiento en tres o cuatro semanas, ofrece hoy algunas modalidades: cera de frutas, cera fría, bandas de papel. Este tipo de depilación tiene aún muchos defensores, por ser el más económico y de más fácil aplicación, sin efectos perjudiciales. Los métodos para llevar a cabo la dolorosa tarea de depilarse son variados. En la Argentina, la mayoría de las mujeres (el 50%) elige la cera. Muchas alternan la cera caliente con las maquinitas (ahora varias marcas tienen líneas diseñadas especialmente, para alivio de los hombres que no ven amenazado el filo de sus propias máquinas de afeitar). Una depiladora eléctrica puede ser tan eficacaz como la cera, "pero con menos costo, dolor y más higiene". También existen métodos de depilación definitiva, cremas depilatorias, cera descartable a roll-on y más. Algunos prometen una depilación más duradera, o más higiénica, o menos dolorosa. Están los que ofrecen mayor practicidad o economía.
jueves, 13 de enero de 2011
as mujeres romanas consideraban bello que las cejas estuvieran unidas sobre su nariz, para conseguir tal efecto utilizan una mezcla de huevos de hormiga machacados con moscas secas, también lo utilizaban como máscara de pestañas. El vello del cuerpo lo llevaban rasurado totalmente, Dominicano solo se acostaba con mujeres a las que previamente había depilado en su totalidad. Había varios métodos para quitar el vello. Por ejemplo, se utilizaba una especie de cata plasma llamada dropax, compuesta de varias ceras resinosas; también se empleaban las pinzas (forcipes aduncae), pero era un procedimiento muy doloroso. Algunos hombres también se depilaban todo el cuerpo.
Popea (esposa de Nerón) en todos sus viajes se hacía seguir por un rebaño de trescientas burras, que cada mañana eran ordeñadas y así podía llenar su bañera de plata para su hidratante baño matutino. Ella inventó la mascarilla, que hacía con una mezcla de pasta y leche de burra denominada TECTORIUM, que aplicaba antes de acostarse y se la dejaba puesta durante toda la noche. Para las arrugas utilizaban una mascarilla compuesta de arroz y harina de haba. Las señoras que se perfumaban hacían llenaban la boca de sus esclavas de perfume y esta lo pulverizaba sobre su ama.
Las cremas, perfumes y ungüentos que se vendían en pequeños vasos de cerámica, pomos de cristal o pequeños recipientes de alabastro.
El maquillaje para el rostro se mezclaba en pequeños platillos, utilizando a veces la lanolina de la lana de oveja sin desengrasar. La piel se llevaba blanca (como signo de apasionamiento) , utilizando para ello una mezcla a base de yeso, harina de habas, tiza y albayalde (carbonato clásico de plomo), al final los resultados que se obtenían eran los contrarios, ya que esta mezcla oscurecía el rostro, también con el fin del blanqueamiento ingerían gran cantidad de cominos. El carmín para los labios se obtenía del ocre procedente de un tipo de liquen denominado ficus, o bien de moluscos. El perfilador de ojos se conseguía a partir del hollín o de un polvo hecho de antimonio: este último también se utilizaba para engrosar las cejas para la sombra de ojos era imprescindible la ceniza, también utilizaban el khöl, maquillándolos en negro y azul. Las cejas se perfilaban sin alargarlas y se depilaban con pinzas y los labios y pómulos se coloreaban en tonos rojos vivos, para conseguir unos dientes blancos nada mejor que el vinagre.
Como dentífrico utilizaban orines, y los más cotizados eran los de Hispania, se envasaban en ánforas, se precintaban y se distribuían por el Imperio
Para depilar se utilizaba una especie de cata plasma llamada dropax, compuesta de varias ceras resinosas; también se empleaban las pinzas (forcipes aduncae), pero era un procedimiento muy doloroso. Algunos hombres se depilaban todo el cuerpo.
El espejo era una necesidad básica. Se hacían de láminas de metal muy bruñidas y a menudo tenían el reverso profusamente decorado.
Para depilar se utilizaba una especie de cata plasma llamada dropax, compuesta de varias ceras resinosas; también se empleaban las pinzas (forcipes aduncae), pero era un procedimiento muy doloroso. Algunos hombres se depilaban todo el cuerpo.
Utilizaban mascarillas de belleza:
Contra las manchas, añadían hinojo a la mirra perfumada (cinco escrúpulos de hinojo por nueve de mirra) y un puñado de pétalos secos de rosa, e incienso macho junto con sal gema. Se vierte encima jugo de cebada: que el incienso y la sal pesen tanto como las rosas.
Contra las arrugas: “Hervir el astrágalo de una ternera blanca durante cuarenta días y cuarenta noches, hasta que se vuelva gelatina y después, se aplica con un paño”
Para alisar la piel, a base de nabo silvestre y harina de yero (planta leguminosa parecida a la lenteja), cebada trigo y altramuz.
Para aclarar la piel d la cara: con raíces de melón secado al aire, hervidas en agua y machacadas, y aplicadas como una cataplasma. –
Para perfumar a su señora, una esclava se llenaba de perfume la boca y lo pulverizaba sobre su ama.
Popea (esposa de Nerón) en todos sus viajes se hacía seguir por un rebaño de trescientas burras, que cada mañana eran ordeñadas y así podía llenar su bañera de plata para su hidratante baño matutino. Ella inventó la mascarilla, que hacía con una mezcla de pasta y leche de burra denominada TECTORIUM, que aplicaba antes de acostarse y se la dejaba puesta durante toda la noche. Para las arrugas utilizaban una mascarilla compuesta de arroz y harina de haba. Las señoras que se perfumaban hacían llenaban la boca de sus esclavas de perfume y esta lo pulverizaba sobre su ama.
Las cremas, perfumes y ungüentos que se vendían en pequeños vasos de cerámica, pomos de cristal o pequeños recipientes de alabastro.
El maquillaje para el rostro se mezclaba en pequeños platillos, utilizando a veces la lanolina de la lana de oveja sin desengrasar. La piel se llevaba blanca (como signo de apasionamiento) , utilizando para ello una mezcla a base de yeso, harina de habas, tiza y albayalde (carbonato clásico de plomo), al final los resultados que se obtenían eran los contrarios, ya que esta mezcla oscurecía el rostro, también con el fin del blanqueamiento ingerían gran cantidad de cominos. El carmín para los labios se obtenía del ocre procedente de un tipo de liquen denominado ficus, o bien de moluscos. El perfilador de ojos se conseguía a partir del hollín o de un polvo hecho de antimonio: este último también se utilizaba para engrosar las cejas para la sombra de ojos era imprescindible la ceniza, también utilizaban el khöl, maquillándolos en negro y azul. Las cejas se perfilaban sin alargarlas y se depilaban con pinzas y los labios y pómulos se coloreaban en tonos rojos vivos, para conseguir unos dientes blancos nada mejor que el vinagre.
Como dentífrico utilizaban orines, y los más cotizados eran los de Hispania, se envasaban en ánforas, se precintaban y se distribuían por el Imperio
Para depilar se utilizaba una especie de cata plasma llamada dropax, compuesta de varias ceras resinosas; también se empleaban las pinzas (forcipes aduncae), pero era un procedimiento muy doloroso. Algunos hombres se depilaban todo el cuerpo.
El espejo era una necesidad básica. Se hacían de láminas de metal muy bruñidas y a menudo tenían el reverso profusamente decorado.
Para depilar se utilizaba una especie de cata plasma llamada dropax, compuesta de varias ceras resinosas; también se empleaban las pinzas (forcipes aduncae), pero era un procedimiento muy doloroso. Algunos hombres se depilaban todo el cuerpo.
Utilizaban mascarillas de belleza:
Contra las manchas, añadían hinojo a la mirra perfumada (cinco escrúpulos de hinojo por nueve de mirra) y un puñado de pétalos secos de rosa, e incienso macho junto con sal gema. Se vierte encima jugo de cebada: que el incienso y la sal pesen tanto como las rosas.
Contra las arrugas: “Hervir el astrágalo de una ternera blanca durante cuarenta días y cuarenta noches, hasta que se vuelva gelatina y después, se aplica con un paño”
Para alisar la piel, a base de nabo silvestre y harina de yero (planta leguminosa parecida a la lenteja), cebada trigo y altramuz.
Para aclarar la piel d la cara: con raíces de melón secado al aire, hervidas en agua y machacadas, y aplicadas como una cataplasma. –
Para perfumar a su señora, una esclava se llenaba de perfume la boca y lo pulverizaba sobre su ama.
El ser humano ha sido cautivado desde siempre por una piel tersa, limpia y suave, por lo que resulta comprensible descubrir que las mujeres de tiempos remotos, concretamente del antiguo Egipto, eliminaban el vello de piernas, brazos, rostro y axilas gracias a una receta elaborada con sangre de animal, cenizas y sales de cobre, en tanto que durante la Roma imperial se empleaba un bálsamo de arsénico mezclado con fino polvo perfumado para su eliminación.
Con el paso del tiempo han aparecido nuevas técnicas para depilar, tales como cera, cremas, pinzas, rastrillos y aparatos eléctricos, los cuales se han convertido en protagonistas del ritual al que ya no sólo las mujeres, sino también algunos hombres, se enfrentan periódicamente para lucir piel con apariencia cautivadora. Sus resultados son más favorables que los de los ungüentos de antaño.
Resulta interesante saber que en algunas zonas geográficas no se le da importancia a tener algo de vello. En otros lugares incluso es apreciado tener más vello que la media, como el vello púbico femenino en Japón.
Pero veamos cuál ha sido la forma en que se ha trabajado la depilación desde los albores de la historia:
En el antiguo Egipto (3000 a .C.): Tenían un elevado concepto de la estética, la higiene y se depilaban todo el cuerpo. Las mujeres usaban cremas depilatorias hechas con la sangre de animales, tortugas, gusanos o la grasa de hipopótamo (papiro de Eber 1500 a . C.). Usaban ceras que se hacían con azúcar, agua, limón, aceite y miel o sicomoro (árbol sagrado), goma y pepino. Los hombres usaban navajas de silex, luego de cobre y de hierro. Los sacerdotes y sacerdotisas egipcias no podían entrar a los templos sin cumplir con este ritual.
Grecia: Consideraban que un cuerpo depilado era el ideal de belleza, juventud e inocencia. Las esculturas de la época muestran cuerpos femeninos depilados y sin vello púbico. Se practicaba en las clases sociales altas. Usaban la vela para quemar los vellos, abrasivos como la piedra pómez, ceras hechas con sangre de animal, resinas, cenizas y minerales. Las hetairas usaban crema depilatoria llamada “dropax” pasta compuesta de vinagre y tierra de Chipre.
Roma: Las mujeres romanas también lo hacían para estar bellas y comenzaban a depilarse el vello púbico en la adolescencia cuando empezaba a aparecer. Usaban pinzas, llamadas “volsella”, “dropax” y ceras a base de resinas y brea llamada “philotrum”. En los baños públicos había cuartos para la depilación. Existían esclavos especializados,”alipilarius” que depilaban en los prostíbulos el vello púbico.
De todos es conocida la mítica belleza de las reinas del antiguo Egipto y cómo los egipcios embalsamaban a sus faraones.
Estos dos factores impulsaron un gran culto a la belleza y a la cosmética, principalmente en las cortes faraónicas.
Los ritos funerarios se caracterizaban no solo por embalsamar los cuerpos de los difuntos, sino también por depositar junto a ellos toda clase de objetos, alimentos y materiales preciosos para que en la vida futura disfrutasen de los bienes terrenales. Entre los objetos se encontraban peines de marfil, cremas, negro para los ojos, polvo, etc., dentro de pequeños recipientes en los que estaban grabadas las instrucciones para su uso.
El refinamiento de los cuidados estéticos era enorme. Fórmulas secretas embellecían a las reinas de Egipto que, con mucha rapidez, eran imitadas por sus cortesanas.
Los peinados, las pelucas, los baños de leche, las estilizadas siluetas, todo formaba parte de una cultura en la que lo espiritual, el arte, la religión y la ciencia tenían una importancia fundamental.
Especial atención merecían el cabello, la piel y los ojos. El cabello era teñido con henna, consiguiendo mil matices encarnados o bien se rasuraba completamente para facilitar los continuos cambios de pelucas, sumamente sofisticadas.
Con ungüentos, afeites y baños perfumados o de leche cuidaban de mantener una piel tersa y extremadamente suave.
Los ojos se remarcaban en negro, engrandeciendo y suavizando su forma natural. El carmín de los labios, el blanco para restar vivez a la cara, el rojo-naranja para las mejillas, eran productos extraídos de plantas y arbustos.
Usaban antimonio para cambiar el color de los párpados en azul y verde, realzando así más las pestañas. Las dos reinas que más se significaron por su belleza y sus secretos de estética fueron Nefertiti y Cleopatra.
De Nefertiti se recuerda aun su estilizada silueta, a pesar de haber tenido seis hijos, siendo ella quien extendió la moda del color verde para los párpados. El hermoso busto de esta reina, esposa de Amenhotep IV, se conserva en magnífico estado en un museo de Berlín.
De Cleopatra se cuenta que fue la mujer que reunió más secretos sobre el cuidado de su belleza: sus mascarillas, su maquillaje y sus baños de leche pasaron a la historia.
GRECIA
Grecia fue la civilización de la belleza. Ha sido tal su influencia en las culturas occidentales posteriores que su cultura y su arte han configurado el llamado ideal clásico de belleza. Eran, en contraste con los egipcios, todos los estamentos sociales los que compartían su inquietud por la estética.
Hasta tal extremo llevaron este gusto por la belleza que en uno de sus libros, Apolonio de Herofila explica que "en Atenas no había mujeres viejas ni feas". De hecho fueron los griegos quienes difundieron por Europa gran cantidad de productos de belleza, de fórmulas de cosmética, así como el culto al cuerpo y los baños; en resumen, el concepto de la estética.
La mayor atención la prestaban al cuidado del cuerpo. Los cánones de belleza griegos no toleraban ni la grasa ni los senos voluminosos.
Era necesario cultivar el cuerpo para conseguir la perfección estética que consistía en, además de tener senos pequeños y fuertes, poseer un cuello fino y esbelto y los hombros proporcionados.
En los baños era donde este amor por el cuidado del cuerpo tenía lugar. Precedían al baño diversos ejercicios físicos que preparaban al cuerpo para recibir el baño, habitualmente realizado con agua fría. También los masajes tenían un papel importante ya que, junto con el baño y los ejercicios gimnásticos, lograban que en el cuerpo no hubiese rastro alguno de grasa y que se mantuvieran la figura grácil y la piel tersa.
La cosmética, en Grecia, vivió un momento esplendoroso, sobre todo en la utilización de los aceites. Estos se extraían de flores y se empleaban además de en estética, en los actos religiosos, deportivos y en la vida diaria.
Los aceites perfumados se aplicaban después de los baños o de los masajes y se elaboraban de muchas flores distintas, de rosas, de jazmines, tomillo, etc., y su fabricación se concentraba en Chipre, Corinto y Rodas. El cabello se cuidaba con esmero y se elaboraban tintes también con extractos naturales.
El maquillaje de las mujeres en Atenas se basaba en el color negro y azul para los ojos; coloreaban sus mejillas con carmín y los labios y las uñas se pintaban de un único tono.
Se consideraba que el color de la piel de la cara debía ser pálido, ya que era reflejo inequívoco de pasión.
Pero no únicamente las mujeres y los hombres griegos tenían esta inquietud por la estética. Sus dioses buscaban también el ideal de la belleza. La figura de la diosa Afrodita de Cridona nos ha llegado reproducida en el momento en el que está desnudándose para entrar al baño.
ROMA
En el Imperio romano la estética constituyó una auténtica obsesión. Hombres y mujeres atesoraban fórmula de cosméticos, se maquillaban, peinaban y depilaban por igual.
Baños y masajes, vestidos y peinados o el cuidado del cuerpo no eran exclusivos del sexo femenino, sino que todos los romanos querían embellecerse y cuidarse.
Pero, contrariamente a Grecia, no existía un único ideal de belleza, ya que las sucesivas conquistas del Imperio romano recogieron influencias dispares de los pueblos dominados. Un ejemplo de ello lo constituye la "locura" de las romanas por ser rubias. Sucedió a la vuelta de la conquista por Julio César de los territorios germánicos. Los esclavos que con él trajo, sorprendieron por el color de su cabello y de su cutis. Con gran velocidad circularon por Roma fórmulas y ungüentos para cambiar el color, generalmente moreno, de la piel y el cabello de las romanas.
En Egipto y en Grecia se inició la costumbre de tener esclavas dedicadas exclusivamente al cultivo de la belleza de sus amos. Esta costumbre se acentuó en la época romana y las esclavas se especializaron en temas concretos: baños, maquillaje, tocados, etc.
Sobresalen las romanas por el especial cuidado que dedicaban a los tocados. Sofisticados y barrocos hasta lo increíble, se hacían con materiales considerados preciosos. Perlas, telas, flores, mallas bordadas, eran manipuladas hasta conseguir el tocado más refinado.
La popularización del baño llegó al extremo de edificar, en Roma, los conocidos baños de Caracalla, con capacidad para 1.600 bañistas o los aun mayores baños termales de Diocleciano que podían acoger simultáneamente a 3.000 bañistas. Solo en el siglo IV había en Roma 900 establecimientos de baños termales.
Estos dos factores impulsaron un gran culto a la belleza y a la cosmética, principalmente en las cortes faraónicas.
Los ritos funerarios se caracterizaban no solo por embalsamar los cuerpos de los difuntos, sino también por depositar junto a ellos toda clase de objetos, alimentos y materiales preciosos para que en la vida futura disfrutasen de los bienes terrenales. Entre los objetos se encontraban peines de marfil, cremas, negro para los ojos, polvo, etc., dentro de pequeños recipientes en los que estaban grabadas las instrucciones para su uso.
El refinamiento de los cuidados estéticos era enorme. Fórmulas secretas embellecían a las reinas de Egipto que, con mucha rapidez, eran imitadas por sus cortesanas.
Los peinados, las pelucas, los baños de leche, las estilizadas siluetas, todo formaba parte de una cultura en la que lo espiritual, el arte, la religión y la ciencia tenían una importancia fundamental.
Especial atención merecían el cabello, la piel y los ojos. El cabello era teñido con henna, consiguiendo mil matices encarnados o bien se rasuraba completamente para facilitar los continuos cambios de pelucas, sumamente sofisticadas.
Con ungüentos, afeites y baños perfumados o de leche cuidaban de mantener una piel tersa y extremadamente suave.
Los ojos se remarcaban en negro, engrandeciendo y suavizando su forma natural. El carmín de los labios, el blanco para restar vivez a la cara, el rojo-naranja para las mejillas, eran productos extraídos de plantas y arbustos.
Usaban antimonio para cambiar el color de los párpados en azul y verde, realzando así más las pestañas. Las dos reinas que más se significaron por su belleza y sus secretos de estética fueron Nefertiti y Cleopatra.
De Nefertiti se recuerda aun su estilizada silueta, a pesar de haber tenido seis hijos, siendo ella quien extendió la moda del color verde para los párpados. El hermoso busto de esta reina, esposa de Amenhotep IV, se conserva en magnífico estado en un museo de Berlín.
De Cleopatra se cuenta que fue la mujer que reunió más secretos sobre el cuidado de su belleza: sus mascarillas, su maquillaje y sus baños de leche pasaron a la historia.
GRECIA
Grecia fue la civilización de la belleza. Ha sido tal su influencia en las culturas occidentales posteriores que su cultura y su arte han configurado el llamado ideal clásico de belleza. Eran, en contraste con los egipcios, todos los estamentos sociales los que compartían su inquietud por la estética.
Hasta tal extremo llevaron este gusto por la belleza que en uno de sus libros, Apolonio de Herofila explica que "en Atenas no había mujeres viejas ni feas". De hecho fueron los griegos quienes difundieron por Europa gran cantidad de productos de belleza, de fórmulas de cosmética, así como el culto al cuerpo y los baños; en resumen, el concepto de la estética.
La mayor atención la prestaban al cuidado del cuerpo. Los cánones de belleza griegos no toleraban ni la grasa ni los senos voluminosos.
Era necesario cultivar el cuerpo para conseguir la perfección estética que consistía en, además de tener senos pequeños y fuertes, poseer un cuello fino y esbelto y los hombros proporcionados.
En los baños era donde este amor por el cuidado del cuerpo tenía lugar. Precedían al baño diversos ejercicios físicos que preparaban al cuerpo para recibir el baño, habitualmente realizado con agua fría. También los masajes tenían un papel importante ya que, junto con el baño y los ejercicios gimnásticos, lograban que en el cuerpo no hubiese rastro alguno de grasa y que se mantuvieran la figura grácil y la piel tersa.
La cosmética, en Grecia, vivió un momento esplendoroso, sobre todo en la utilización de los aceites. Estos se extraían de flores y se empleaban además de en estética, en los actos religiosos, deportivos y en la vida diaria.
Los aceites perfumados se aplicaban después de los baños o de los masajes y se elaboraban de muchas flores distintas, de rosas, de jazmines, tomillo, etc., y su fabricación se concentraba en Chipre, Corinto y Rodas. El cabello se cuidaba con esmero y se elaboraban tintes también con extractos naturales.
El maquillaje de las mujeres en Atenas se basaba en el color negro y azul para los ojos; coloreaban sus mejillas con carmín y los labios y las uñas se pintaban de un único tono.
Se consideraba que el color de la piel de la cara debía ser pálido, ya que era reflejo inequívoco de pasión.
Pero no únicamente las mujeres y los hombres griegos tenían esta inquietud por la estética. Sus dioses buscaban también el ideal de la belleza. La figura de la diosa Afrodita de Cridona nos ha llegado reproducida en el momento en el que está desnudándose para entrar al baño.
ROMA
En el Imperio romano la estética constituyó una auténtica obsesión. Hombres y mujeres atesoraban fórmula de cosméticos, se maquillaban, peinaban y depilaban por igual.
Baños y masajes, vestidos y peinados o el cuidado del cuerpo no eran exclusivos del sexo femenino, sino que todos los romanos querían embellecerse y cuidarse.
Pero, contrariamente a Grecia, no existía un único ideal de belleza, ya que las sucesivas conquistas del Imperio romano recogieron influencias dispares de los pueblos dominados. Un ejemplo de ello lo constituye la "locura" de las romanas por ser rubias. Sucedió a la vuelta de la conquista por Julio César de los territorios germánicos. Los esclavos que con él trajo, sorprendieron por el color de su cabello y de su cutis. Con gran velocidad circularon por Roma fórmulas y ungüentos para cambiar el color, generalmente moreno, de la piel y el cabello de las romanas.
En Egipto y en Grecia se inició la costumbre de tener esclavas dedicadas exclusivamente al cultivo de la belleza de sus amos. Esta costumbre se acentuó en la época romana y las esclavas se especializaron en temas concretos: baños, maquillaje, tocados, etc.
Sobresalen las romanas por el especial cuidado que dedicaban a los tocados. Sofisticados y barrocos hasta lo increíble, se hacían con materiales considerados preciosos. Perlas, telas, flores, mallas bordadas, eran manipuladas hasta conseguir el tocado más refinado.
La popularización del baño llegó al extremo de edificar, en Roma, los conocidos baños de Caracalla, con capacidad para 1.600 bañistas o los aun mayores baños termales de Diocleciano que podían acoger simultáneamente a 3.000 bañistas. Solo en el siglo IV había en Roma 900 establecimientos de baños termales.
La coloración del cabello durante siglos se ha empleado fundamentalmente para camuflar los cabellos blancos y parecer así más joven o simplemente como una moda. Actualmente el número de mujeres y hombres que se tiñen el cabello ha aumentado considerablemente y los motivos son fundamentalmente los mismos, aunque podemos añadir alguno más, como: aclararse el cabello o hacerse mechas o reflejos. En definitiva darle al cabello un nuevo encanto.
Los productos colorantes más antiguos descubiertos se hallaron en Egipto y eran polvos hechos con hojas de Henna que las mujeres utilizaban para pintar sus uñas y cabellos. En la India y Persia también era muy corriente el uso de la Henna para colorear partes del cuerpo incluido el cabello. Los romanos se servían de tintes derivados del plomo y colorantes rojos y amarillos en forma de pasta hecha de talco y jugos vegetales. A las mujeres de la nobleza romana les gustaba ser rubias por lo que se decoloraban los cabellos. Durante el renacimiento las reinas de la belleza son rubias ya que la belleza y la dulzura se identifican con el pelo rubio. Pero es a partir del siglo XIX cuando los investigadores científicos empiezan a interesarse por el problema de la coloración. Aún así, los tintes no tenía buena prensa y no fue hasta el segundo cuarto del siglo XX cuando las cosas empezaron a cambiar y se perfeccionó el tinte a base de colorantes de oxidación.
En el antiguo imperio Egipcio se producen los cambios más significativos en cosmética: el corte del cabello como diferenciación entre clases sociales, los primeros pigmentos de origen vegetal para el cabello,…
Peinados, pelucas, baños de leche, estilizadas siluetas,… todo formaba parte de una cultura en la que lo espiritual, el arte, la religión y la ciencia tenían una importancia fundamental. El cabello se teñía de henna o bien se rasuraba para facilitar los continuos cambios de pelucas; la piel se mantenía tersa mediante ungüentos o baños perfumados o de leche; los ojos se remarcaban en negro, engrandeciendo y suavizando su forma natural; el carmín blanco de los labios, utilizado para restar vivez a la cara, y el rojo para las mejillas, se extraían de las plantas; coloreaban los párpados en verde o azul mediante antimonio.
Las dos reinas que más destacaron por su belleza fueron Nefertiti, de quien se recuerda su estilizada silueta a pesar de haber sido madre seis veces, y Cleopatra, famosa por sus mascarillas, su maquillaje y sus baños de leche.
En Grecia lucían rizos, ellos con el cabello corto y ellas con el pelo largo recogido en moños que envolvían con redecillas doradas o cintas.
Pero la mayor atención se prestaba al cuidado del cuerpo, que se realizaba en los baños públicos: primero diversos ejercicios físicos, luego el baño generalmente con agua fría; los masajes también tenían un papel esencial, seguidos de la aplicación de aceites perfumados extraídos de flores.
El maquillaje de las mujeres consistía en color negro y azul para los ojos, las mejillas coloreadas con carmín y los labios y uñas en un único color; el color de la cara debía ser pálido como reflejo de pasión.
Los íberos tuvieron una enorme influencia de la cultura griega: pelo trenzado y enroscado y cubierto de tela, complementos como mantillas y peinetas, así como cintas, redecillas y diademas a modo de corona de influencia griega.
Los salones de belleza eran ya un negocio, organizándose por especialidades en lugar de dar un servicio global.
La depilación en la antigüedad
Egipto
La sangre de los animales, las conchas de tortuga, los gusanos o la grasa de hipopótamo son algunas de las sustancias que se empleaban a la hora de depilar, esto según recoge el papiro de Eber, un texto egipcio sobre medicina y magia que data del año 1500 antes de Cristo. Sin embrago el método más empleado por las egipcias era una sustancia similar a la "cera" que se conseguía de dos formas: una masa resultado de mezclar azúcar, agua y limón, la llamada cera de azúcar, o la mezcla de aceite y miel.
Grecia
El Griego encontró en un cuerpo liso y sin pelo un ejemplo de belleza, juventud e inocencia. Las mujeres griegas, especialmente las señoras de alta clase social, consideraban feo el pelo pubico.
Roma
Tampoco los Romanos tuvieron gusto por el pelo pubico: las muchachas jóvenes comenzaban a quitarlo tan pronto como apareciera el primer vello. Era tal su importancia que en Roma existían esclavos especializados en depilar, empleando para ello una crema denominada philotrum o dropax, similar a las actuales cremas depilatorias, unas pinzas denominadas volsella y una especie de cera realizada a base de resina o brea.
Los productos colorantes más antiguos descubiertos se hallaron en Egipto y eran polvos hechos con hojas de Henna que las mujeres utilizaban para pintar sus uñas y cabellos. En la India y Persia también era muy corriente el uso de la Henna para colorear partes del cuerpo incluido el cabello. Los romanos se servían de tintes derivados del plomo y colorantes rojos y amarillos en forma de pasta hecha de talco y jugos vegetales. A las mujeres de la nobleza romana les gustaba ser rubias por lo que se decoloraban los cabellos. Durante el renacimiento las reinas de la belleza son rubias ya que la belleza y la dulzura se identifican con el pelo rubio. Pero es a partir del siglo XIX cuando los investigadores científicos empiezan a interesarse por el problema de la coloración. Aún así, los tintes no tenía buena prensa y no fue hasta el segundo cuarto del siglo XX cuando las cosas empezaron a cambiar y se perfeccionó el tinte a base de colorantes de oxidación.
En el antiguo imperio Egipcio se producen los cambios más significativos en cosmética: el corte del cabello como diferenciación entre clases sociales, los primeros pigmentos de origen vegetal para el cabello,…
Peinados, pelucas, baños de leche, estilizadas siluetas,… todo formaba parte de una cultura en la que lo espiritual, el arte, la religión y la ciencia tenían una importancia fundamental. El cabello se teñía de henna o bien se rasuraba para facilitar los continuos cambios de pelucas; la piel se mantenía tersa mediante ungüentos o baños perfumados o de leche; los ojos se remarcaban en negro, engrandeciendo y suavizando su forma natural; el carmín blanco de los labios, utilizado para restar vivez a la cara, y el rojo para las mejillas, se extraían de las plantas; coloreaban los párpados en verde o azul mediante antimonio.
Las dos reinas que más destacaron por su belleza fueron Nefertiti, de quien se recuerda su estilizada silueta a pesar de haber sido madre seis veces, y Cleopatra, famosa por sus mascarillas, su maquillaje y sus baños de leche.
Grecia
Grecia fue la civilización de la belleza. Al igual que en Egipto, los esclavos mantenían lo más hermosas posibles las cabezas de sus amos, pero Grecia aportó los salones de belleza, donde se peinaban las cabezas más selectas.En Grecia lucían rizos, ellos con el cabello corto y ellas con el pelo largo recogido en moños que envolvían con redecillas doradas o cintas.
Pero la mayor atención se prestaba al cuidado del cuerpo, que se realizaba en los baños públicos: primero diversos ejercicios físicos, luego el baño generalmente con agua fría; los masajes también tenían un papel esencial, seguidos de la aplicación de aceites perfumados extraídos de flores.
El maquillaje de las mujeres consistía en color negro y azul para los ojos, las mejillas coloreadas con carmín y los labios y uñas en un único color; el color de la cara debía ser pálido como reflejo de pasión.
Los íberos tuvieron una enorme influencia de la cultura griega: pelo trenzado y enroscado y cubierto de tela, complementos como mantillas y peinetas, así como cintas, redecillas y diademas a modo de corona de influencia griega.
Los pueblos bárbaros
Poco dados a valorar criterios estéticos, pero sí prácticos, sus peinados solían consistir en trenzas y colas de caballo.Roma
La estética constituyó una auténtica obsesión para hombres y mujeres. El cabello era corto para los hombres y solía sujetarse con una cinta; las mujeres dejaban caer su pelo en forma de tirabuzón o ligeramente ondulado, o bien lo recogían en moños sobre la nuca, que envolvían con redecillas o cintas del mismo modo que las griegas. Pero no existía un ideal único de belleza, sino que recogieron influencias dispares de los pueblos conquistados, por lo que comenzaron a hacer pruebas para aclarar el cabello.Los salones de belleza eran ya un negocio, organizándose por especialidades en lugar de dar un servicio global.
La depilación en la antigüedad
Egipto
La sangre de los animales, las conchas de tortuga, los gusanos o la grasa de hipopótamo son algunas de las sustancias que se empleaban a la hora de depilar, esto según recoge el papiro de Eber, un texto egipcio sobre medicina y magia que data del año 1500 antes de Cristo. Sin embrago el método más empleado por las egipcias era una sustancia similar a la "cera" que se conseguía de dos formas: una masa resultado de mezclar azúcar, agua y limón, la llamada cera de azúcar, o la mezcla de aceite y miel.
Grecia
El Griego encontró en un cuerpo liso y sin pelo un ejemplo de belleza, juventud e inocencia. Las mujeres griegas, especialmente las señoras de alta clase social, consideraban feo el pelo pubico.
Roma
Tampoco los Romanos tuvieron gusto por el pelo pubico: las muchachas jóvenes comenzaban a quitarlo tan pronto como apareciera el primer vello. Era tal su importancia que en Roma existían esclavos especializados en depilar, empleando para ello una crema denominada philotrum o dropax, similar a las actuales cremas depilatorias, unas pinzas denominadas volsella y una especie de cera realizada a base de resina o brea.
La investigadora agregó que se han examinado una treintena de muestras, encontradas principalmente en ungüentarios, útiles de tocador, como una concha que se utilizaba para extender el colorete más fácilmente y un removedor (osculatorio) con el que se preparaban las mezclas procedentes de la colonia de Celsa, en Velilla de Ebro.
Los primeros resultados del proyecto, que lleva dos años en marcha, permiten descifrar con mayor exactitud cómo se elaboraba el color rojo, los tonos rosáceos para el rostro y la sombra de ojos verde. “La cosmética entonces ya era muy elaborada y se buscaban unas propiedades muy parecidas a las de los productos actuales, que fueran fáciles de aplicar y extender, para lo que en algunos casos mezclaban los polvos con aceites esenciales y aceite de oliva, además también eran resistentes al agua”, explica Josefina Pérez-Arantegui.
Los tonos rojos con que se maquillaban en la Zaragoza romana, explica esta investigadora, se obtenían de dos formas. Por un lado se han encontrado las “tierras rojas”, compuestos de hierro de gran pureza y con tamaños de partícula finísimos, que se mezclaban con yeso para atenuar el reflejo final. También ha aparecido el uso del cinabrio (sulfuro de mercurio) que era muy popular gracias a las minas de Almadén (Ciudad Real). En este caso, la tonalidad resultante anaranjada “lleva a pensar que se destinaba más para los labios”, señala Josefina Pérez-Arantegui.
Para los matices rosados, se valían de colorantes orgánicos, procedentes en tierras zaragozanas de la planta Rubia Tinctorum. “Extraían el colorante de la raíz, que luego precipitaban para obtener una laca en polvo, cuyo color a la hora de usarse se matizaba con yeso”, cuenta esta experta. Después, estos polvos parece que no se aplicaban directamente, sino que se mezclaban con otros compuestos, como el aceite de oliva, para conseguir una pasta más densa o líquida. “El resultado podría ser como una crema algo densa, con consistencia, comparable a los pintalabios en barra”, explica Josefina Pérez-Arantegui.
En el caso de la sombra de ojos verdes, se recurría a las “tierras verdes”, con celadonita y glauconita, que también se usa como pigmento en la pintura mural.
Los próximos estudios se centrarán en los colores más marrones y grisáceos, donde esta especialista espera encontrar resinas y aceites perfumados, y las muestras islámicas que ha recibido desde Albarracín.
ara fijar con exactitud la procedencia de los productos del maquillaje de los romanas, se emplean técnicas de arqueometría con los últimos avances científicos en rayos X, radiaciones infrarrojas o láser y técnicas microscópicas.
Una complicación es que los residuos orgánicos son los primeros que se pierden con el paso del tiempo y las muestras se encuentran en cantidades pequeñísimas, lo que hace complejo su análisis.
En el caso de los objetos de tocador se descubrió que se tenían entre ellas: espátulas, removedores, pinzas, peines, recipientes y agujas para el cabello, lo cuales se exhiben en el Museo de Zaragoza. Entre las piezas también hay una concha de molusco en la que todavía se pueden contemplar claramente los restos de polvos cosméticos rojos.
Los primeros resultados del proyecto, que lleva dos años en marcha, permiten descifrar con mayor exactitud cómo se elaboraba el color rojo, los tonos rosáceos para el rostro y la sombra de ojos verde. “La cosmética entonces ya era muy elaborada y se buscaban unas propiedades muy parecidas a las de los productos actuales, que fueran fáciles de aplicar y extender, para lo que en algunos casos mezclaban los polvos con aceites esenciales y aceite de oliva, además también eran resistentes al agua”, explica Josefina Pérez-Arantegui.
Los tonos rojos con que se maquillaban en la Zaragoza romana, explica esta investigadora, se obtenían de dos formas. Por un lado se han encontrado las “tierras rojas”, compuestos de hierro de gran pureza y con tamaños de partícula finísimos, que se mezclaban con yeso para atenuar el reflejo final. También ha aparecido el uso del cinabrio (sulfuro de mercurio) que era muy popular gracias a las minas de Almadén (Ciudad Real). En este caso, la tonalidad resultante anaranjada “lleva a pensar que se destinaba más para los labios”, señala Josefina Pérez-Arantegui.
Para los matices rosados, se valían de colorantes orgánicos, procedentes en tierras zaragozanas de la planta Rubia Tinctorum. “Extraían el colorante de la raíz, que luego precipitaban para obtener una laca en polvo, cuyo color a la hora de usarse se matizaba con yeso”, cuenta esta experta. Después, estos polvos parece que no se aplicaban directamente, sino que se mezclaban con otros compuestos, como el aceite de oliva, para conseguir una pasta más densa o líquida. “El resultado podría ser como una crema algo densa, con consistencia, comparable a los pintalabios en barra”, explica Josefina Pérez-Arantegui.
En el caso de la sombra de ojos verdes, se recurría a las “tierras verdes”, con celadonita y glauconita, que también se usa como pigmento en la pintura mural.
Los próximos estudios se centrarán en los colores más marrones y grisáceos, donde esta especialista espera encontrar resinas y aceites perfumados, y las muestras islámicas que ha recibido desde Albarracín.
ara fijar con exactitud la procedencia de los productos del maquillaje de los romanas, se emplean técnicas de arqueometría con los últimos avances científicos en rayos X, radiaciones infrarrojas o láser y técnicas microscópicas.
Una complicación es que los residuos orgánicos son los primeros que se pierden con el paso del tiempo y las muestras se encuentran en cantidades pequeñísimas, lo que hace complejo su análisis.
En el caso de los objetos de tocador se descubrió que se tenían entre ellas: espátulas, removedores, pinzas, peines, recipientes y agujas para el cabello, lo cuales se exhiben en el Museo de Zaragoza. Entre las piezas también hay una concha de molusco en la que todavía se pueden contemplar claramente los restos de polvos cosméticos rojos.
La sociedad romana era tremendamente patriarcal y la mujer era considerada como una eterna menor de edad, por lo que era excluida de la vida pública y no podían votar, ocupar una magistratura o ser escuchadas en una asamblea, aunque si, las romanas libres, podían tener propiedades, vender, alquilar y comprar. A pesar de estar excluidas del juego político. Extraoficialmente se implicaban en las campañas electorales y daban su opinión. De hecho, en Pompeya encontramos pinturas donde se refleja los consejos que las mujeres daban a los candidatos.
Las niñas de familias acomodadas iban a la escuela hasta los doce años. Después de esta edad pocas mujeres continuaban educándose, con la autorización de su marido o padre, a través de preceptores que les enseñaban los clásicos. Era normal que hubiera mujeres que adquirían una cultura de entretenimiento, como cantar, danzar y tocar un instrumento. Estas actividades artísticas se alaban mucho en las mujeres “honestas”. A los doce años había muchachas que ya estaban otorgadas a un marido, aunque no se hubiera consumado el matrimonio. Una mujer se consideraba adulta a los catorce años, todos la llamaban entonces “señora”. Las familias ricas encerraban a sus hijas en sus casas y las ponían a hilar con rueca y con huso, con lo cual demostraban que pasaban el tiempo sin hacer nada malo.Dentro del matrimonio, la mujer podía ser considerada de dos modos.
Según la vieja moral cívica, la esposa no era más que un utensilio al servicio del ciudadano y jefe de familia; hacía hijos y redondeaba el patrimonio. Vista de otro modo, la mujer se consideraba una amiga, la compañera de la vida, la procreadora. Sin embargo, siempre se le considera naturalmente inferior a su marido y se espera que lo obedezca. Por su parte, el marido respetará a su esposa como un jefe respeta a sus amigos inferiores. Se acepta que un marido es el dueño de su mujer, como de sus hijas y de sus criados.
Las señoras ricas no tenían obligaciones como amas de casa porque su marido era quien mandaba sobre los esclavos. Estas mujeres ni siquiera debían esforzarse en vestirse o calzarse por sí mismas porque ese era el trabajo de las esclavas.
Sin embargo, la libertad de estas señoras era relativa. Siempre estaban acompañadas, incluso había algunas que dormían con una esclava en su cuarto, para que las cuidaran. La decencia y el cuidado de su rango obligaba a una dama a salir de casa acompañada por sirvientes, señoritas de compañía y un caballero de servicios. Sólo debidamente acompañadas las mujeres tenían derecho a visitar a sus amigas. Las damas muy recatadas salían lo menos posible y sólo se mostraban en público cubiertas por un velo.
En ciertos casos en los que una mujer era rica por herencia de su padre tenía mayor control sobre sus vida marital. Hubo esposas descontentas que abandonaron a su marido o se divorciaron de él. En Roma existía el divorcio pero generalmente era el hombre el que lo solicitaba. El mejor estado para la mujer rica era la viudez porque era mucho más libre que cualquier mujer casada y podía disponer de su fortuna como ella quisiera.
Las niñas de familias acomodadas iban a la escuela hasta los doce años. Después de esta edad pocas mujeres continuaban educándose, con la autorización de su marido o padre, a través de preceptores que les enseñaban los clásicos. Era normal que hubiera mujeres que adquirían una cultura de entretenimiento, como cantar, danzar y tocar un instrumento. Estas actividades artísticas se alaban mucho en las mujeres “honestas”. A los doce años había muchachas que ya estaban otorgadas a un marido, aunque no se hubiera consumado el matrimonio. Una mujer se consideraba adulta a los catorce años, todos la llamaban entonces “señora”. Las familias ricas encerraban a sus hijas en sus casas y las ponían a hilar con rueca y con huso, con lo cual demostraban que pasaban el tiempo sin hacer nada malo.Dentro del matrimonio, la mujer podía ser considerada de dos modos.
Según la vieja moral cívica, la esposa no era más que un utensilio al servicio del ciudadano y jefe de familia; hacía hijos y redondeaba el patrimonio. Vista de otro modo, la mujer se consideraba una amiga, la compañera de la vida, la procreadora. Sin embargo, siempre se le considera naturalmente inferior a su marido y se espera que lo obedezca. Por su parte, el marido respetará a su esposa como un jefe respeta a sus amigos inferiores. Se acepta que un marido es el dueño de su mujer, como de sus hijas y de sus criados.
Las señoras ricas no tenían obligaciones como amas de casa porque su marido era quien mandaba sobre los esclavos. Estas mujeres ni siquiera debían esforzarse en vestirse o calzarse por sí mismas porque ese era el trabajo de las esclavas.
Sin embargo, la libertad de estas señoras era relativa. Siempre estaban acompañadas, incluso había algunas que dormían con una esclava en su cuarto, para que las cuidaran. La decencia y el cuidado de su rango obligaba a una dama a salir de casa acompañada por sirvientes, señoritas de compañía y un caballero de servicios. Sólo debidamente acompañadas las mujeres tenían derecho a visitar a sus amigas. Las damas muy recatadas salían lo menos posible y sólo se mostraban en público cubiertas por un velo.
En ciertos casos en los que una mujer era rica por herencia de su padre tenía mayor control sobre sus vida marital. Hubo esposas descontentas que abandonaron a su marido o se divorciaron de él. En Roma existía el divorcio pero generalmente era el hombre el que lo solicitaba. El mejor estado para la mujer rica era la viudez porque era mucho más libre que cualquier mujer casada y podía disponer de su fortuna como ella quisiera.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



