El plumaje del autillo, visto desde lejos, parece "difuminado", pero de cerca se presenta como muy definido. Consta de tonos pardos y grises. Junto a su maestría en esconderse, estas tonalidades hacen que sea prácticamente invisible. Sólo de noche el reclamo, proferido insistente y acompasadamente y que suena como un aflautado "tiout", traiciona la presencia del macho.
Posee unos penachos de plumas en la parte superior de la cabeza, que parecen unas orejas.
El autillo es la rapaz nocturna más pequeña de la península Ibérica y Baleares. Su envergadura alar es de unos 50 cm.
Le gustan los olivares, las fincas de frutales, los parques y los bosques de fronda con árboles huecos.
Aunque no todos los ejemplares migran, la mayoría suelen desplazarse a África en el mes de septiembre, retornando en marzo para criar.
Está presente en toda la península Ibérica y en las islas Baleares.
Autillo es el nombre común de varias aves la familia Strigidae, del orden de las estrigiformes o aves rapaces nocturnas
Las siguientes especies se denominan habitualmente autillos
jueves, 11 de noviembre de 2010
jueves, 4 de noviembre de 2010
Los vulpinos (Vulpini) son una tribu de mamíferos carnívoros incluidos en la familia de los cánidos. Se conocen comúnmente como zorros, zorras, raposos o raposas.[1]
Actualmente están representados por unas 27 especies que se encuentran en casi todos los continentes, aunque la más extendida es el zorro rojo o zorro común (Vulpes vulpes), que habita en Europa y América del Norte. Otro ejemplo es el zorro polar, también conocido como zorro ártico.
La mayoría de los zorros viven entre dos y tres años, aunque pueden llegar a alcanzar los diez años, o incluso sobrepasar esa edad en cautividad. Son generalmente más pequeños que otros miembros de la familia Canidae, tales como; lobos, chacales y perros domésticos. Sus rasgos típicos incluyen un fino hocico y una espesa cola. Otras características físicas varían según su hábitat. Por ejemplo, el zorro del desierto tiene largas orejas y pelaje corto, mientras que el zorro ártico tiene pequeñas orejas y un denso pelaje.
A diferencia de muchos cánidos, los zorros no son usualmente animales de manada. Son solitarios cazando su presa (especialmente roedores). Empleando una técnica de salto practicada desde una edad muy temprana, son capaces de matar a su presa raudamente. Se alimentan asimismo desde saltamontes a fruta y bayas. Presentan el fenotipo de glándula mamaria superdesarollada.
Los zorros son normalmente muy precavidos hacia los humanos y no se emplean como mascotas, aunque se llegó a domesticar una especie en Rusia tras 45 años de un programa de reproducción selectiva.
Actualmente están representados por unas 27 especies que se encuentran en casi todos los continentes, aunque la más extendida es el zorro rojo o zorro común (Vulpes vulpes), que habita en Europa y América del Norte. Otro ejemplo es el zorro polar, también conocido como zorro ártico.
La mayoría de los zorros viven entre dos y tres años, aunque pueden llegar a alcanzar los diez años, o incluso sobrepasar esa edad en cautividad. Son generalmente más pequeños que otros miembros de la familia Canidae, tales como; lobos, chacales y perros domésticos. Sus rasgos típicos incluyen un fino hocico y una espesa cola. Otras características físicas varían según su hábitat. Por ejemplo, el zorro del desierto tiene largas orejas y pelaje corto, mientras que el zorro ártico tiene pequeñas orejas y un denso pelaje.
A diferencia de muchos cánidos, los zorros no son usualmente animales de manada. Son solitarios cazando su presa (especialmente roedores). Empleando una técnica de salto practicada desde una edad muy temprana, son capaces de matar a su presa raudamente. Se alimentan asimismo desde saltamontes a fruta y bayas. Presentan el fenotipo de glándula mamaria superdesarollada.
Los zorros son normalmente muy precavidos hacia los humanos y no se emplean como mascotas, aunque se llegó a domesticar una especie en Rusia tras 45 años de un programa de reproducción selectiva.
El oso pardo ocupaba originariamente la práctica totalidad de Europa y Asia, gran parte de la mitad oeste de Norteamérica y algunas zonas de Oriente Próximo y del Magreb. Y aunque esta área se ha ido reduciendo progresivamente en los últimos siglos, todavía es muy extensa, hasta el punto de que en ella se estima que aún habitan entre 200.000 y 250.000 ejemplares, un número realmente notable para un carnívoro de su talla.
Los osos pardos ocupan una gran variedad de hábitats, desde semidesiertos fríos, como sucede en el Gobi (Mongolia), hasta zonas costeras o la tundra ártica, como ocurre en Alaska. Sin embargo, su hábitat preferido es el forestal, por lo que se trata de uno de los mamíferos más característicos de los extensísimos bosques de coníferas de la taiga siberiana o escandinava, de los bosques mixtos del este de Europa y de los Pirineos, o de los bosques caducifolios de hayas, robles y abedules de la Cordillera Cantábrica. Las pequeñas poblaciones de osos que resisten en la Europa occidental están vinculadas a los macizos montañosos más agrestes, donde el acoso humano es menor.
La enorme extensión de su área de distribución y la gran diversidad de factores ambientales a los que se han adaptado (hábitat, disponibilidad de alimento, clima) han provocado que los osos pardos se encuentren entre los mamíferos que presentan una mayor variabilidad en sus datos biométricos. Los osos ibéricos están catalogados entre los osos pardos más pequeños, con un peso que en los machos puede superar los 200-250 kg, lejos de los gigantes que habitan en la península rusa de Kamchatka, y los que viven en Norteamérica en la isla de Kodiak y en las costas cercanas de la península de Alaska, que pueden tener hasta 3 m de longitud y 700 kg de peso en los ejemplares más grandes. Estos osos pardos están considerados no sólo los osos de mayor tamaño, junto con los osos polares, sino también los mayores carnívoros terrestres del planeta.
Debido a esta extraordinaria variabilidad en su aspecto externo, sobre todo en lo que se refiere a tamaño y color, algunos especialistas diferencian un gran número de subespecies o variedades. No obstante, se considera que todos los osos pardos europeos pertenecen a la misma subespecie: Ursus arctos arctos. Recientes análisis de ADN procedentes de osos antiguos indican que, incluso durante la época de mayores fríos, pudo haber una población prehistórica de osos pardos continua desde el este de Europa hasta la Península Ibérica.
En España, junto a Italia y Francia, viven las poblaciones europeas de oso pardo más amenazadas. Los osos ibéricos están en peligro de extinción y se enfrentan a constantes amenazas causadas por el pequeño tamaño de sus poblaciones. Las más importantes son la muerte de osos causada por personas, la pérdida y fragmentación del hábitat y la baja diversidad genética de los osos cantábricos. En España quedan dos poblaciones de oso: una de ellas se localiza en la Cordillera Cantábrica, con dos subpoblaciones bien diferenciadas, y la segunda, compartida con Francia y Andorra, se localiza en los Pirineos.
Los osos pardos ocupan una gran variedad de hábitats, desde semidesiertos fríos, como sucede en el Gobi (Mongolia), hasta zonas costeras o la tundra ártica, como ocurre en Alaska. Sin embargo, su hábitat preferido es el forestal, por lo que se trata de uno de los mamíferos más característicos de los extensísimos bosques de coníferas de la taiga siberiana o escandinava, de los bosques mixtos del este de Europa y de los Pirineos, o de los bosques caducifolios de hayas, robles y abedules de la Cordillera Cantábrica. Las pequeñas poblaciones de osos que resisten en la Europa occidental están vinculadas a los macizos montañosos más agrestes, donde el acoso humano es menor.
La enorme extensión de su área de distribución y la gran diversidad de factores ambientales a los que se han adaptado (hábitat, disponibilidad de alimento, clima) han provocado que los osos pardos se encuentren entre los mamíferos que presentan una mayor variabilidad en sus datos biométricos. Los osos ibéricos están catalogados entre los osos pardos más pequeños, con un peso que en los machos puede superar los 200-250 kg, lejos de los gigantes que habitan en la península rusa de Kamchatka, y los que viven en Norteamérica en la isla de Kodiak y en las costas cercanas de la península de Alaska, que pueden tener hasta 3 m de longitud y 700 kg de peso en los ejemplares más grandes. Estos osos pardos están considerados no sólo los osos de mayor tamaño, junto con los osos polares, sino también los mayores carnívoros terrestres del planeta.
Debido a esta extraordinaria variabilidad en su aspecto externo, sobre todo en lo que se refiere a tamaño y color, algunos especialistas diferencian un gran número de subespecies o variedades. No obstante, se considera que todos los osos pardos europeos pertenecen a la misma subespecie: Ursus arctos arctos. Recientes análisis de ADN procedentes de osos antiguos indican que, incluso durante la época de mayores fríos, pudo haber una población prehistórica de osos pardos continua desde el este de Europa hasta la Península Ibérica.
En España, junto a Italia y Francia, viven las poblaciones europeas de oso pardo más amenazadas. Los osos ibéricos están en peligro de extinción y se enfrentan a constantes amenazas causadas por el pequeño tamaño de sus poblaciones. Las más importantes son la muerte de osos causada por personas, la pérdida y fragmentación del hábitat y la baja diversidad genética de los osos cantábricos. En España quedan dos poblaciones de oso: una de ellas se localiza en la Cordillera Cantábrica, con dos subpoblaciones bien diferenciadas, y la segunda, compartida con Francia y Andorra, se localiza en los Pirineos.
El toro de lidia, también denominado toro bravo, designa a los especímenes macho de toro seleccionados y criados para su empleo en los diferentes espectáculos taurinos, como las corridas o los encierros. Procede de las razas autóctonas de la Península Ibérica, conocidas como «tronco ibérico», que desde tiempo inmemorial propiciaron las formas más primitivas de tauromaquia. Algunos especialistas consideran que es el descendiente más directo del uro[cita requerida], el antepasado de todas las razas bovinas actuales, ya que, además de su rusticidad y su vida salvaje, comparte con él numerosas características fenotípicas. Otros expertos cuestionan que se trate de una raza de bovino diferente a la del toro y la vaca comunes (Bos taurus).[1] Se caracteriza por unos instintos atávicos de defensa y temperamentales, que se sintetizan en la llamada "bravura", así como atributos físicos tales como unas astas grandes hacia delante y un potente aparato locomotor, superiores a los de otros especímenes de bovinos.
Bos taurus, comúnmente conocido como toro o buey, en el caso del macho, o vaca en el caso de la hembra, es una especie de mamífero artiodáctilo de la familia Bovidae. Generalmente domésticos, aunque en algunos casos se han presentado en estado salvaje, se crían a lo largo y ancho del planeta por su carne, su leche y su piel. También se siguen empleando en los espectáculos taurinos en algunos países. Las crías de la vaca son los terneros o becerros y los ejemplares jóvenes son conocidos como: añojos cuando cumplen un año, erales cuando tienen más de un año y no llegan a los dos, y novillos hasta la edad adulta (también nos podemos encontrar con que a los animales de más de dos años y menos de tres se les llame utreros y cuatreños cuando tienen cuatro). La cría y utilización de estos animales por parte del hombre se conoce como ganadería bovina.
Además de la propia raza, se emplean diferentes formas de clasificación individual, como bien pueden ser la disposición y forma de la cuerna o la capa (color del pelaje).
Bos taurus, comúnmente conocido como toro o buey, en el caso del macho, o vaca en el caso de la hembra, es una especie de mamífero artiodáctilo de la familia Bovidae. Generalmente domésticos, aunque en algunos casos se han presentado en estado salvaje, se crían a lo largo y ancho del planeta por su carne, su leche y su piel. También se siguen empleando en los espectáculos taurinos en algunos países. Las crías de la vaca son los terneros o becerros y los ejemplares jóvenes son conocidos como: añojos cuando cumplen un año, erales cuando tienen más de un año y no llegan a los dos, y novillos hasta la edad adulta (también nos podemos encontrar con que a los animales de más de dos años y menos de tres se les llame utreros y cuatreños cuando tienen cuatro). La cría y utilización de estos animales por parte del hombre se conoce como ganadería bovina.
Además de la propia raza, se emplean diferentes formas de clasificación individual, como bien pueden ser la disposición y forma de la cuerna o la capa (color del pelaje).
Los glíridos (Gliridae) son una familia de roedores esciuromorfos conocidos popularmente como lirones, que se pueden encontrar en Europa, aunque también viven en África y Asia.
Los lirones son roedores pequeños de 18 a 26 cm, incluyendo la cola, de aspecto similar al ratón, de pelaje gris oscuro o castaño en el lomo y blanco en la parte baja.
Son omnívoros; comen especialmente frutos otoñales como los de la zarzamora, castañas, bellotas, etc. También consumen insectos (ortópteros, arácnidos, etc.), caracoles, crías de aves y otros pequeños roedores. Pueden llegar a devorar a sus congéneres tras el largo letargo invernal.
El hábitat de los lirones puede ser zona de matorrales bajos a la vera de los ríos, huertos y también jardines.
Se aparean durante la época estival, y en épocas favorables puede llegar a tener dos y tres camadas. La gestación se demora unos 20 o 25 días. Cada camada es de entre 2 a 8 crías, que pesan al nacer unos 15 gramos y abren sus ojos a los 20 días. La lactancia dura unos 45 días, y alcanzan la madurez a los 4 meses después del nacimiento.
Sus depredadores son, generalmente y entre otros, el zorro, la gineta y el gato montés, además de las aves rapaces nocturnas.
Los lirones son roedores pequeños de 18 a 26 cm, incluyendo la cola, de aspecto similar al ratón, de pelaje gris oscuro o castaño en el lomo y blanco en la parte baja.
Son omnívoros; comen especialmente frutos otoñales como los de la zarzamora, castañas, bellotas, etc. También consumen insectos (ortópteros, arácnidos, etc.), caracoles, crías de aves y otros pequeños roedores. Pueden llegar a devorar a sus congéneres tras el largo letargo invernal.
El hábitat de los lirones puede ser zona de matorrales bajos a la vera de los ríos, huertos y también jardines.
Se aparean durante la época estival, y en épocas favorables puede llegar a tener dos y tres camadas. La gestación se demora unos 20 o 25 días. Cada camada es de entre 2 a 8 crías, que pesan al nacer unos 15 gramos y abren sus ojos a los 20 días. La lactancia dura unos 45 días, y alcanzan la madurez a los 4 meses después del nacimiento.
Sus depredadores son, generalmente y entre otros, el zorro, la gineta y el gato montés, además de las aves rapaces nocturnas.
Los hurones (Mustela putorius furo) son mamíferos carnívoros de la variedad doméstica del cerro común. Los hurones suelen tener un pelatge marrón, negro, blanco o mezclado, tienen una medida mediana de aproximadamente cincuenta centímetros (incluyendo una cola de unos trece centímetros), pesan aproximadamente un kilogramo,[1] y tienen una longevidad natural de entre siete y diez años.[2][3][4]
El hurón domesticado que conocemos actualmente, proviene de la especie europea Mustela putorius furo.
El turón, especie autóctona en la Península, ha sido tradicionalmente domesticado y utilizado para cazar (hurones). Sin embargo, más recientemente se ha comenzado a utilizar como animal de compañía. Para ello se han seleccionado variedades más tranquilas, con pelajes variados mediante cruzamientos dirigidos.
Las variedades domésticas son capaces de hibridar con las poblaciones salvajes, provocando pérdida de diversidad genética que puede provocar una menor resistencia de las poblaciones a cambios ambientales.
Además, los individuos domésticos a menudo son portadores de parásitos y enfermedades que pueden transmitir a los turones salvajes.
El hurón domesticado que conocemos actualmente, proviene de la especie europea Mustela putorius furo.
El turón, especie autóctona en la Península, ha sido tradicionalmente domesticado y utilizado para cazar (hurones). Sin embargo, más recientemente se ha comenzado a utilizar como animal de compañía. Para ello se han seleccionado variedades más tranquilas, con pelajes variados mediante cruzamientos dirigidos.
Las variedades domésticas son capaces de hibridar con las poblaciones salvajes, provocando pérdida de diversidad genética que puede provocar una menor resistencia de las poblaciones a cambios ambientales.
Además, los individuos domésticos a menudo son portadores de parásitos y enfermedades que pueden transmitir a los turones salvajes.
Popular mamífero de mediano tamaño, pelo suave y corto, orejas largas y rabo corto, es una especie fundamentalmente crepuscular y nocturna que constituye pieza clave en nuestra fauna y que hasta 1912 (J. W. Gridley) se incluía dentro de los roedores, por su similitud con los mismos, si bien a partir de esta fecha se incluyó taxonómicamente dentro del grupo de los lagomorfos, al ser evidentes las diferencias ente uno y otro orden: los roedores tienen un par de incisivos en la mandíbula superior que encajan perfectamente con el par correspondiente de la mandíbula inferior; mientras que los lagomorfos tienen más desarrollados los dientes de la mandíbula superior que no encajan con los de la inferior (de aquí que se llame a este tipo de dientes tan característicos de la especie como “dientes de conejo”).
El conejo es una especie muy antigua, de modo que por los estudios fósiles se ha podido determinar que antes de la última glaciación abundaban en una amplia zona de Europa, que incluía a países como Francia, Bélgica, Alemania o la isla de Gran Bretaña. El posterior enfriamiento del continente los fue desplazando hasta el sur, quedando acantonados en la Península Ibérica y Norte de África, de donde volvió a extenderse hasta el norte. En el S. III los romanos los llevaron a Italia, pero en el S. XVI todavía no existían en Alemania, aunque sí han sido citados en algunos conventos, como animales de corral de las comunidades religiosas. En la antigüedad España tenía fama como país de conejos, hasta el punto de que se considera que el nombre de Hispania, de origen fenicio y del que procede la palabra España, deriva del nombre de este animal. Cátulo, llamaba a esta península “Cuniculosa Celtiberia” y en las monedas hispanorromanas de Adriano el conejo figuraba como uno de los símbolos de Iberia (W.G. Foster, 1972). Otra cita histórica curiosa nos viene de la mano de Estrabón, el que refiere la introducción de Hurones en las islas Baleares, para combatir a los conejos que allí proliferaban, tras fracasar las mismas tropas romanas en su exterminio.
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